Cuando ví tu casa se parecía a la mía

El proyecto consta de una serie de dibujos que se complementan en un diálogo con una instalación. La serie gráfica es realizada a partir de un grupo de antiguas ilustraciones de casas construidas por el ser humano para que sean habitadas por animales, las que conviven en el papel con ciertos elementos propios de la arquitectura  como lo son los dibujos de plantas de los departamentos, dejando de manifiesto la necesidad humana por el control del territorio y de cómo debiera ser habitado por las distintas especies que lo componen. A su vez esta serie de piezas están en directa relación con una instalación ubicada de manera central en el espacio. Dicha pieza, que contiene una jaula con un agapornis en su interior, ofrecerá un alternativa al animal, respecto a la vista que pudiera tener su jaula, una posibilidad inmobiliaria respecto a donde mirar en el lugar que se habita. Para ello la jaula se encontrará en medio de un muro, lo que permitiría al animal decidir en qué lado de esta situarse, ya que en cada lado del espacio se le sugerirá un ecosistema diferente, en uno de estos, abundancia de plantas  para de forma antónima ofrecer, en el otro sector, un sistema semi desértico.

Instalación realizada en la feria Swab con la galería Die Ecke y gracias a la invitación de las comisarias Zaida Trallero y Direlia Lazo. Barcelona, España. 2016

Luis Guerra a propósito de «Cuando ví tu casa se parecía a la mía.»

Lo que dispone está ahí. Hay cosas y un ser vivo. Algunas de las cosas dispuestas indican un común sentido que las aúna, que es el espacio mismo de una habitación. Suspende de los muros, de éste lugar que para su participación aloja la falta de una pared, pared por donde nos asomamos, 4 dibujos donde vemos casas de pájaros, al lado de sus formas dibujados están lo que entiendo supone sus propias interioridades. El interior diseñado, disposado, de esas casitas que albergarán quizás también familias de pajaritos. Al medio aparente de esta sala abierta en donde se alojan los objetos y el cuerpo, hay un pajarito enjaulado. Es de colores, colores que se cruzan con los colores de la sala pintada de amarillo. No habla, como nosotros, que en realidad nunca hablamos. Ahí está el pajarito en la jaula, al medio, cuya jaula está partida, atravesada por una media pared inconclusa. Andrés Vial está siempre pensando en su relación con las cosas “naturales”, aquellas que también como él están vivas. Sus proyectos deambulan en esa pregunta sobre las cosas que están vivas, y en como esas vivencias se alojan. De allí que su perro, el peinar su perro devenga objeto de una de sus “obras”, de sus acciones, mostrar un ovillo de lana de perro. Un perro, las plantas, un pájaro, su casa abierta, su familia (aquí uso la expresión común de ese ensamblaje de libre circulación que nos convocamos a vivir, el estar adentro de una familia, como la casa y la jaula donde silenciosos habitamos también). Lo que aquí se dispone es un ensayo, un mostrar la pregunta que le persigue por la condición de tener-que-estar en el desalojo de este alojamiento que somos entre todos. La simpleza de sus formas, de sus acciones, la dispersión de su propio darse en habla, presentan la intensidad de lo que les alberga. Los objetos “de la naturaleza” son la primera herramienta de su cuestionamiento. El pajarito en su jaula en una sala amarilla rodeada de cuadros de casas con planos de sus interiores, el amarillo verdoso de las murallas y de las plantas, componen una presentación. ¿De qué es esta presentación? Es la presentación de una pregunta sobre la habitación, sobre el estar habitando en un lugar. ¿Cuál es la pregunta? La pregunta es efectivamente el estar de ese pájaro ahí en la sala abierta. Su estar es la propia pregunta.

 

Andrés Vial